Mi nombre es Javier Jiménez Ridruejo, soy profesor de un centro educativo situado en un pequeña ciudad del mundo rural de la región más pobre de España. Dicho así puede sonar desalentador. Sin embargo, estoy embarcado en la nave más bonita; lograr que la educación sea el vehículo de la igualdad de oportunidades.

Doy clase de habla inglesa en una sección bilingüe, dirijo el equipo de la biblioteca escolar dentro de REBEX, (Red de bibliotecas escolares de Extremadura) y participo en cuanto proyecto medioambiental y de intercambio de ideas con otros centros llega a nuestras manos. He dado y doy clases de Historia, Geografía, Historia del Arte, Economía y, el próximo año, entraré a formar parte del equipo directivo de mi centro.    

La enseñanza en el ADN

He descubierto con el tiempo que ser docente está en mi ADN, enseñar, transmitir, abrir ojos a aquellos que se internan en el mundo desde la infancia a la adolescencia. Es un periodo clave. Las personas se modelan en la adolescencia y nosotros estamos ahí para guiarlas o darles nuestra visión del mundo. No es una tarea fácil, no es una tarea tonta. Tampoco es una tarea apreciada socialmente, pues hemos dejado la educación de nuestros hijos en los mass-media y las redes sociales, donde los valores son cuando menos cuestionables.

El compromiso con los pequeños cambios

Para mí, más que la inspiración, existe el compromiso. Las grandes figuras del arte y el pensamiento universal guían e iluminan a miles de personas. Yo no tengo esa capacidad. Soy un tío normal, pero sé que pequeños grupos de personas me tiene como referente y consideran que lo que yo hago y digo tiene un valor. Puedo cambiar las cosas aunque sea a pequeña escala. Siempre me enseñaron que los grandes cambios son el acúmulo de los pequeños. ¿Eso puede llamarse inspiración? Pues que así sea.

La superación como proyecto personal

Mi proyecto personal ha sido superarme día tras día: el asfixiado gordito de la clase de gimnasia de bachillerato de mi colegio, como adulto, ha corrido 5 maratones y decenas de medias maratones; el torpe niño que suspendía inglés es profesor  bilingüe;  el niño educado en una sociedad machista es paladín de la igualdad de oportunidades y de condición entre sexos. La vida es una constante superación. ¿Un proyecto inmediato? En tres o cuatro años, a no más tardar, abandonar mi puesto profesional e irme a dar clase a un país austral de habla inglesa, como Australia o Nueva Zelanda, donde conocer a gente nueva y ver nuevas experiencias educativas.

Quiero cerrar estas líneas compartiendo una recomendación; la directora francesa Marie-Castille Mention-Schaar tiene una película llamada La profesora de Historia, un film con un final muy inspirador. En él  Mademoiselle Gueguen, la profesora,  se presenta un año más ante un grupo de nuevos alumnos y les dice “…enseño desde hace 21 años y adoro enseñar. Pondré todos los medios para que no resulte algo demasiado aburrido, algo que no soporto…” Enseñar es un maravilloso día de la marmota que se repite una y otra vez, intentando como Bill Murray, llegar a la perfección.

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