Recuerdo perfectamente esa mañana, había despertado de algo parecido al descanso. Cual delfín, un lado del cerebro estaba apagado mientras que el otro, había pasado una larga noche maquinando. Por esos días, los zapatos de mi inspiración se habían desgastado.

Soy de naturaleza espiritual; esa mañana recé por un comienzo, algo que me entusiasmara, un reto intelectual y que también me llevara a bucear más profundamente dentro de mi alma.

Una vez desperezada y lista para comenzar la jornada, me serví una taza de té y pretendí morder una tostada, me senté frente al ordenador con un documento de Word en blanco, pero no pasó nada. De la mesa del comedor, pasé al sofá, a ver si era la luz que no ayudaba, abrí la puerta del balcón, para que entrara aire, no escribí nada.

Mientras miraba la pantalla y su cursor titilante, buscando hipnotizarme, quizá, Tito, mi perro caminaba por la casa con ansiedad, como si percibiera la mía. Bebía agua y caminaba raspando el suelo con sus uñitas, buscaba mi atención. En ese momento me percaté que las letras no iban a suceder ese día.

En cambio otra cosa pasó. Recibí un mensaje de una amiga quien, cual si hubiese salido de la oficina de correos del país de las hadas me escribió: Flor ¿te gustaría colaborar en una revista nueva? No sé los detalles, contacta a mi amiga, estos son sus datos. Yo miré al cielo y dije gracias. Salté emocionada, y mi perro también me acompañó con alegres ladridos; luego, ya sobria, cuando hubo  pasado el fogonazo de excitación, me dije: sólo es una breve conversación  telefónica lo que vas a tener y me compuse.

Entonces, con aquella formalidad de quien va a una entrevista de trabajo me presenté: “soy Flor Santamaría, periodista con muchos años de experiencia”, con un Currículum Vitae pesado como aquellos libros que se colocan las modelos en la cabeza para aprender a caminar. Pesado porque cuando has trabajado con noticias duras y crudas por muchos años, la carrera pesa. Lo que es bello se aprecia con gran sensibilidad, pero las palabras para expresarlo tardan en llegar.

Así llegué a la mesa directiva de Musas Magazine, con muchas ganas de contar sobre mis experiencias, pero con poca fluidez en la pluma ya que mi fortaleza se encontraba, en ese momento en contar historias a través de la imagen en video.

Escuché la propuesta, ellas me escucharon a mí, y desde ese instante nos pusimos manos a la obra. Las conversaciones se desarrollaron entre Oslo y Estados Unidos, desde un aeropuerto, en las vacaciones, desde cualquier lugar.

Porque la musa es así, sin barreras y se acomoda en el corazón como un huésped que no quieres que se vaya nunca.

Y así empezó esta aventura con un equipo de una gran calidad humana y profesional, de un entusiasmo increíble que sumado a una inteligencia y belleza creativa, logra el efecto deseado; la inspiración. Me gustaría que Musas Magazine pensara en mí como en una tía, de esas que quieren saberlo todo, desde su primer diente hasta su graduación para ver a esta publicación crecer. Y en el proceso, mientras alza el vuelo por el mundo y su gente, quiero escribirle cuentos e historias de lugares y personajes maravillosos.

Flor.

Flor Santamaría es el alma viajera detrás de Pateando Destinos. Podéis leer sus aventuras en www.pateandodestinos.com y en las redes sociales @pateandodestinos

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